La guerra y el saqueo se legalizan y el crimen se disfraza de orden internacional. Frente a ese mundo inseguro y agresivo, reafirmamos nuestra hermandad profunda y militante con Cuba y con Venezuela, pueblos que resisten el castigo imperial por el solo hecho de haber elegido su propio camino.
Denunciamos el bloqueo criminal contra Cuba, una política de asfixia prolongada que constituye un acto de guerra y un crimen contra la Humanidad. Rechazamos la mentira convertida en norma, la hipocresía que pretende llamar democracia al asedio y al hambre inducida.
Exigimos la retirada inmediata e incondicional de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, una infamia que busca aislar, intimidar y justificar nuevas agresiones. Nos pronunciamos con firmeza contra las amenazas de bloqueo naval, las provocaciones militares y cualquier forma de intervención en el Caribe, porque los pueblos de la región han proclamado su derecho a vivir en paz.
Apelamos también al humanismo de la vieja Europa, cuna de derechos proclamados y de luchas populares que hoy no pueden ser traicionadas sin deshonra. Denunciamos que, mientras los pueblos europeos enfrentan sus propias crisis, desde el Parlamento Europeo se intente de manera irracional y servil eliminar el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con Cuba, con el objetivo de privarla de suministros, cooperación y recursos que son indispensables para la supervivencia de su pueblo. No es diálogo lo que se persigue, sino castigo; no son derechos humanos lo que se defiende, sino alineamiento con la política de asfixia. Europa no puede convertirse en cómplice del bloqueo ni en instrumento de una guerra económica que niega los valores de humanidad, solidaridad y justicia que dice representar.